Qué es esto

Cómo se ha vuelto a levantar el sitio de un licor que se vendió en 2014 y no llegó a cuajar, con sus ilustraciones y sus textos de entonces.

Zombie Blood fue un licor español con aspecto de sangre, 30% vol y una historia de nueve capítulos detrás. Salió en 2014 de la mano de un equipo pequeño que quiso sacarlo adelante por su cuenta, se intentó financiar en Indiegogo y estuvo a la venta una temporada. El proyecto no llegó a cuajar: en noviembre de 2015 alguien tocó su web por última vez, el dominio caducó después y no quedó nada en pie.

Esta es esa web, levantada otra vez en 2026 con los materiales de entonces.

Lo que quedaba

El proyecto dormía en un disco: tres copias del sitio, veinticuatro volcados de base de datos y una carpeta de diseño. La copia viva corría sobre Joomla 2.5.28, con setenta tablas y veintinueve artículos dentro.

Para poder mirarlo hubo que montar otra vez la máquina de entonces, porque nada de aquello arranca en un ordenador de 2026: PHP 5.6 y MariaDB en contenedores, el volcado del 3 de noviembre de 2015 cargado encima y los enlaces de la base de datos reescritos, que todos apuntaban a un dominio que ya no existe.

Debajo había material que vale la pena, y todo lleva la misma firma: Dumaker, ilustrador de Albacete que puso la dirección de arte del proyecto. Suyas son las nueve pinturas digitales, una por capítulo, con un bosque de secuoyas, un escaparate de televisores bajo la lluvia y una ciudad ardiendo. Y suyos el logotipo, la etiqueta y la botella. También un vídeo de fondo con un muro de piedra bajo la lluvia, la botella recortada con su contorno verde, texturas de zarpazos, la marca en vectorial y el dossier de prensa en los dos idiomas. Once años después ese trabajo se sostiene solo, y es la razón de fondo de haber vuelto a montarlo todo.

Lo que el diseño pedía y no llegó a hacerse

El hallazgo que cambió el encargo estaba en la carpeta de diseño: la maqueta completa del sitio, terminada y anotada en rojo por el diseñador, que nunca llegó a construirse.

Lleva escritas las instrucciones que nadie ejecutó. Parallax entre la textura de madera y las caras zombi del fondo. La cabecera fija al bajar. La navegación de los capítulos con flechas laterales y marcadores. Y una nota sobre la botella: cuando hubiera una definitiva, cambiarla por la misma con el logotipo en tinta fluorescente, «como si se fuera la luz».

Lo que se publicó en 2014 era una versión más pobre de ese diseño: con las herramientas de entonces, aquello era caro y frágil. Lo que estás viendo es el diseño entero, once años tarde, para una bebida que ya no se fabrica.

Cómo se ha vuelto a levantar

Se ha reconstruido con Astro, con el contenido original sacado de la base de datos y las imágenes de entonces. Los textos se conservan literales, erratas incluidas, porque corregirlos sería escribir una versión que nunca existió.

El movimiento sí es nuevo, y persigue lo que pedían aquellas notas en rojo: al bajar desde la portada se va la luz del farol y la botella se queda encendida por su propio borde; los nueve capítulos pasan en horizontal como los planos de una película; y el formulario se pudre al usarlo.

Las imágenes se han reprocesado: el vídeo baja de 3,7 MB a 906 KB y las pinturas de medio mega a treinta kilobytes, sin que se note. Nada carga de un servidor ajeno: ni fuentes, ni analítica, ni redes sociales.

Lo que no funciona, a propósito

La tienda no abre. La campaña no se puede apoyar. El formulario no envía nada y lo dice. Cada uno de esos botones sigue ahí y, al pulsarlo, cuenta por qué está muerto.

Es lo único honesto que se puede hacer con una web que ya no tiene a nadie al otro lado. Cualquier otra cosa sería simular que la marca sigue viva.

Muerto

Llegas tarde