Capítulo 1

La búsqueda

Cuando el equipo de investigación comandado por Jean-Henri Charnay, doctor en historia medieval de la Universidad de París, logró por fin limpiar la senda y abrirse camino hacia la cripta oculta bajo la olvidada capilla de Ancône, ninguno de aquellos hombres podía imaginar que era solo el inicio de una serie de increíbles acontecimientos cuyas consecuencias se harían terriblemente tangibles décadas después…

Allí abajo encontraron el cuerpo incorrupto y ricamente engalanado de un hombre, aunque como veremos más adelante, no de la forma que esperaban hacerlo. Sin duda eran los restos de los que hablaban los antiguos legajos: un mártir cuyo nombre se perdía en la noche de los tiempos y que debió, según las pesquisas del catedrático, ser llevado hasta allí a finales del siglo VIII por los francos después de que Liutpardo, rey de los lombardos, se hiciese con ésta y otras reliquias trasladándolas desde cada rincón rincones de la cristiandad.

Venerados con extrema devoción en la antigüedad, era extraño que aquel mártir hubiera permanecido oculto durante siglos.

Jean-Henri y su equipo pronto fueron conscientes de lo inusual del descubrimiento.

En primer lugar, aquella vieja capilla había sido borrada de todos los mapas y antiguas rutas peregrinas. Solamente años de investigación habían logrado relevar su ubicación original: al noreste, en los densos bosques de Bois Saint-Pèe.

En segundo lugar, alguien se había ocupado de bloquear la entrada a la cripta de una forma demasiado esmerada: pesadas losas y cadenas corrompidas por el tiempo impedían el acceso, algo completamente inusual en este tipo de construcciones.

Y por último, y sin duda lo más perturbador: lo anormal de la situación de aquel cuerpo incorrupto.

Muerto

Llegas tarde